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Luchando contra la sociedad tradicional

25 diciembre 2010

El simple hecho de ser paganos en un momento como el actual en el mundo occidental ya nos sitúa en una posición poco “tradicional” desde el punto de vista social. Se han empleado muchas denominaciones para designar a la gente que no entra dentro de los patrones que la sociedad reconoce como “convencionales” (precisamente, la palabra “pagano” en general es una de ellas), pero, ¿realmente la gente es tan diferente por declararse pagana?

Es algo que vengo meditando desde hace tiempo. A veces vemos entrevistas o documentales donde, o los paganos/wiccas/brujos (los que sean) son tratados como bichos raros y, a menudo, los aludidos participan activamente en dar una imagen absolutamente pintoresca de sí mismos y su tradición (hay unos documentales por ahí con Alex Sanders, entre otros, que serían un buen ejemplo de esto).

Luego hay otros, que parecen insistir como si no hubiera mañana en lo muy normales que somos los paganos. Somos buenos, inofensivos, decentes productores de la sociedad.

¿Cuál es la mejor postura? No lo sé, pero tiendo ligeramente a la primera bajo ciertas condiciones.

El intentar reencajar en la sociedad, aún a la fuerza, puede resultar un tanto… humillante, es casi como si se estuviera pidiendo perdón sencillamente por existir, como si sólo cumpliendo unas rígidas expectativas de lo que la sociedad demanda como “normal” o “decente” o “aceptable” o “bueno” (usad los eufemismos que queráis) tendríamos derecho a recibir respeto por nuestras creencias, en vez de recibir respeto porque, hola, somos seres humanos y sólo por ello nos lo merecemos.

Por poner un ejemplo de un movimiento ajeno al nuestro, dentro de la comunidad LGBT hay grupos e individuos que no sienten ningún interés por defender su derecho al matrimonio en base a que es una institución creada por una sociedad que les ha tratado (muy a menudo, literalmente) a palos, y la solución no es amoldarse a las demandas de lo que la sociedad reconoce como relaciones aceptables (el matrimonio) si no crear nuevas formas de relaciones entre personas. Crear nuevas normas y nuevas sociedades que reconozcan a todos.

Claro que eso es más fácil de decir que de hacer. La sociedad permea en nosotros desde nuestro nacimiento, nos acompaña toda la vida e ir en su contra, aunque sólo sea en cuestiones muy concretas (como el machismo, la homofobia, el racismo), es un trabajo eterno de autocrítica, aprendizaje y lucha interior. No todos estamos dispuestos a nadar contracorriente, o peor, no todos somos capaces de hacerlo.

El problema es, reconociéndonos como paganos, ya hemos empezado a ir contracorriente. Podemos ser el ser humano más vulgar, aburrido, tranquilo, pacífico y “normal” del mundo, pero por el mero hecho de llamarnos paganos para alguien, para una sociedad muy amplia ahí fuera, ya somos anomalías, ya somos hasta radicales (hace poco el Papa hizo un discurso que equiparaba poco menos la secularización de Europa con el terrorismo, tela). Podemos mostrarnos haciendo los impuestos, levantándonos a las siete a ponernos un café para ir a trabajar como todo hijo de vecino todo lo que nos de la gana, pero seguimos nadando contra corriente.

Obviamente, cada individuo es libre de enfrentarse a esta situación como le resulte más adecuado; lo que me escama, y ya he visto alguna vez, es que en las ansias de complacer a la todopoderosa sociedad con nuestra normalidad, hagamos demasiadas concesiones, olvidándonos de que hay una identidad que es propia y debemos defender. Por ejemplo, esta situación es uno de los inconvenientes que tengo con el “Todos los dioses son un mismo Dios” que muchos lanzan por ahí, transformándose de Gran Súper Misterio Trascendental o Frase Barata Pseudoprofunda (depende a quien se pregunte) en una excusa para que imágenes divinas de una tradición (normalmente, la más poderosa, es decir, cristiana en la mayor parte del mundo occidental) sustituyan a las de otras tradiciones (paganas) apartándolas y relegando su posición e importancia a un segundo término. La sociedad tiene muchas formas de relegar al olvido y la marginalización a movimientos como el nuestro,”misterios profundos” cargados de “buenas intenciones” como el ejemplo anterior son uno de ellos.

Luchar contra la sociedad tradicional no es fácil, pero es algo que tenemos que hacer ya que siendo paganos sencillamente no hay escapatoria, hay que aprender cómo funcionan sus mecanismos y, sobre todo, como estos mecanismos nos influyen a nosotros mismos (ser paganos no nos hace inmunes a las hipocresías y paradojas que se generan) si no queremos que las sociedad nos olvide o que nos acabe anulando.

PD: Sólo por asegurarme, esto no es un alegato contra la concordia y convivencia entre religiones, de hecho, la tolerancia tristemente sigue siendo un acto de lucha contra la sociedad tradicional, “tolerancia” es una palabra que llena muchas bocas, pero que se olvida cuando se hace inconveniente para según quienes.

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4 comentarios leave one →
  1. 29 diciembre 2010 15:57

    ¡Saludos!

    Personalmente, discrepo con tu postura. Yo me considero pagano y por eso no considero que voy “a contracorriente”, considero que sigo una corriente paralela de tantas que existen en el mundo. Cada persona tiene su identidad y la refleja a partir de su apariencia, sus ideas y sus creencias, y como paganos reflejamos eso en nuestras ideas y creencias. Si empezamos a pensar que somos diferentes, realmente lo seremos y no nos beneficiará, ya que el ser una minoría no nos hace diferentes ni nos hace especiales.

    Aprovecho para felicitarte por tu blog y animarte a que sigas con tus publicaciones.

    ¡Que los dioses te sean propicios!

    • 29 diciembre 2010 19:13

      ¡Hola! ¡Bienvenido!

      Tienes todo el derecho a considerarte como te convenga, mi postura no tiene nada que ver con decirles a otros paganos como deben sentirse y sí con mostrar cómo las sociedad tradicional nos ve, y para la sociedad tradicional vamos a contracorriente, da igual cómo queramos mostrarnos nosotros, y creo que es una distinción importante a la hora de plantarnos cómo influye la sociedad en nuestras vidas y cómo queremos influir en ella.
      De hecho…
      Si empezamos a pensar que somos diferentes, realmente lo seremos y no nos beneficiará,
      No hay nada malo en ser o reconocerse diferente. Endemonizar, ignorar o ridiculizar a lo “diferente” es precisamente uno de los mecanismos que la sociedad ha usado, usa y usará para marginalizar colectivos e individuos; deshacernos de lo que nos hace “diferentes” para “normalizarnos” es un problema que realmente no nos beneficia, luchar porque nuestras diferencias sean valoradas en su justa medida es más duro en el plazo corto, pero en el plazo largo es lo que realmente nos beneficiará.

      • 30 diciembre 2010 0:25

        ¡Saludos de nuevo!

        Como tú bien dices, no hay que deshacerse de lo que te hace diferente, tan sólo hay que saber entender el significado de la palabra diferente, diferente en tanto que algo negativo que debe ser separado. Somos iguales que el resto, no diferentes de manera negativa. Tenemos nuestras creencias, pagamos impuestos, trabajamos, comemos, dormimos… Tenemos rasgos diferenciales, pero no diferentes en el sentido de “ajeno a la sociedad”. Es cierto que a las minorías se las demoniza, ridiculiza e ignora, pero es precisamente este hecho lo que no hay que fomentar como minoría que somos, la creación de “guetos” donde sentirnos “como en casa”, puesto lo único que hacemos es fomentar nuestra separación y alimentar la ridiculización que hacen de nosotros.

        Aprovecho para invitarte a visitar mi blog: http://cvltvsdeorvm.blogspot.com
        Espero que sea de tu interés y agrado.

        ¡Gracias y hasta pronto!

        • 3 enero 2011 20:58

          Diferente no implica algo negativo, al menos en mi mundo “diferente” no es una palabra peyorativa, por lo que precisamente advierto de tener cuidado en usarla así.
          Tampoco recuerdo haber mencionado nada de aislarnos o de formar guettos, precisamente le intención de la entrada es analizar la manera en la que nos relacionamos con la sociedad tradicional, teniendo cuidado de los métodos sucios que puede usar contra nosotros y siendo honestos y no “vendernos” para encajar mejor en las expectativas arbitrarias de la misma; no he dicho nada a favor de la separación si no precisamente de la inclusión fiel de nuestras tradiciones y experiencias.

          Y encuentro muy interesante tu blog, echaba de menos un blog sobre reconstruccionismo romano, si no te molesta, cuando me anime a actualizar la sección de links otra vez me encantaría añadirlo 🙂

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