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Leyenda del Descenso de la Diosa

13 febrero 2010

[Sigo con algunos textos de El Athame. Esta es mi traducción de La Leyenda del Descenso de la Diosa, estoy convencida que es la versión que aparece en el A Witches’ Bible de los Farrar, que creo es la misma que esta otra en Sacred Texts.  Sobre “La Leyenda”, es aparentemente la versión sui generis de Gardner del descenso de Istar, igual mezclado con algo de Proserpina y Plutón, y adaptado a las creencias de su tradición]

Leyenda del Descenso de la Diosa

En tiempos antiguos nuestro Señor, el Astado, era, y aún es, el que consuela y conforta, pero los hombres le conocían como el terrible Señor de las Sombras, solitario, severo y duro.

Nuestra Señora la Diosa nunca había amado, aun así resolvería todos los misterios, incluso el misterio de la Muerte. De forma que viajó al Inframundo.

Los Guardianes de los Portales la desafiaron:

-Quitaos vuestras prendas, dejad a un lado vuestras joyas. Pues nada debéis llevar con vos a esta tierra nuestra.

Así que ella dejó en el suelo sus prendas y joyas, y fue atada, como todos aquellos que entran en los reinos de la Muerte, el Poderoso.

Tal era su belleza que la propia Muerte se arrodilló y besó sus pies, diciendo:

-Benditos sean vuestros pies, que os han traido por estos caminos. Mora conmigo, mas permíteme colocar mi fria mano sobre vuestro corazón.

Y Ella contestó:

-Yo no os amo. ¿Porqué hacéis que todas las cosas que quiero y me causan deleite se marchiten y mueran?.

-Señora,-respondió la Muerte- es la Edad y el Destino, contra lo que estoy indefenso. La Edad causa que todas las cosas se marchiten. Mas cuando los hombres mueren, al final del tiempo, les doy descanso, paz y fuerza, y, de esta manera, pueden regresar. Pero tú, tú que eres encantadora, no vuelvas, mora conmigo.

Pero Ella contestó:

-Yo no os amo.

Entonces dijo la Muerte:

-No recibirás mi mano sobre tu corazón, recibirás el azote de la Muerte.

-Es el Destino, mejor así-dijo Ella y se arrodilló.

Y la Muerte la azotó con ternura, y Ella lloró:

-Siento las punzadas del amor.

Y la Muerte la levantó y dijo:

-Bendita seas.

Y le dio el Beso Quíntuple, mientras decía:

-Que solo consigas alegría y conocimiento.

Y le enseñó todos los Misterios y le dio el collar, aquel que es el ciclo del renacimiento.

Y ella le enseño a él el misterio de la copa sagrada, aquella que es el caldero del renacimiento.

Y se amaron y fueron uno, y Él le enseñó toda la magia, pues hay tres grandes misterios en la vida del hombre: al amor, la muerte y la resurrección en un nuevo cuerpo. Y la magia los controla todos. Para realizar el amor habréis de volver al mismo tiempo y lugar del amado, y debéis encontrarlos y conocerlos y recordarlos y amarlos de nuevo. Pero para renacer debéis morir y preparaos para un nuevo cuerpo; para morir debéis nacer; sin amor no naceríais, y esta es toda la magia. Y nuestra Diosa se inclinó por siempre al amor, y al gozo y la felicidad, y a guardar y cuidar Sus niños escondidos, en vida, y en la muerte les enseña el camino para la comunión. E, incluso en este mundo, Ella les enseña el Misterio del Círculo Mágico, el que se coloca entre los mundos.

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